Vinos con identidad. Bodegas Comenge

En pleno Valle del Cuco, entre regatos, viñas y castillos, y en un entorno alejado del ruido y de la prisa, surge una de las bodegas predilectas para los amantes de la cultura vitivinícola de la Ribera del Duero, Bodegas Comenge.

Desde sus más primitivos orígenes el principal objetivo fue elaborar un gran vino con personalidad propia, distinguido y totalmente diferente al resto. Todo ello apostando por potenciar al máximo nivel la variedad de la uva Tempranillo propia de la zona. Al igual que otras bodegas visitadas en anteriores ocasiones por el Winebus, se trata de una bodega que prima la calidad por delante de la cantidad dando una singularidad única a sus vinos.

De su proceso de elaboración destaca sin duda su método patentado de fermentación en frio. Se trata de un sistema en el que durante la primera fase del proceso se trabaja de manera separada el mosto y las pieles y pepitas, extrayendo de este modo lo mejor de cada uva. Este particular método de elaboración, permite garantizar la implantación de la levadura seleccionada para la fermentación de sus vinos tintos dando así un resultado único.

Siguiendo la filosofía de la bodega, sus viñedos destacan por el singular manejo de las mismas, manteniendo las malas hierbas en las parcelas biodiversificando y estabilizando así el ecosistema mejorando la calidad de los frutos y protegiéndolas para generaciones futuras.

Y ya para terminar, de sus vinos resaltan el Don Miguel Comenge y el Biberius, ambos de carácter fruta, floral y muy frescos en boca.

El Winebus se va a Bodegas Comenge y Peñafiel el sábado 4 de mayo

 

Catas y Monólogos en el Museo del Vino de Peñafiel.

He disfrutado enormemente del evento organizado por el Museo del Vino de Peñafiel bajo el lema de Catas y Monólogos.

Museo del Vino Castillo de Peñafiel

La primera actividad consistió en la cata. Miguel Angel de Benito, sumiller del Museo del Vino de Peñafiel, dirigió la cata. Hay determinada gente que va a una cata simplemente a aprender de vinos. Y eso está muy bien. Pero está infinitamente mejor si además de aprender de vinos uno se pasa una velada muy divertida. Porque eso atrae a muchísima más gente. Miguel Angel logra las dos cosas. Que aprenda un montón de vinos con ese conocimiento tan enorme que tiene sobre el mundo del vino y que amenice sus conocimientos con su simpatía, sus comentarios, sus chascarrillos y su vastísimo conocimiento. Nos hizo pasar una velada francamente maja. La cata consistió en probar distintos vinos en su versión Magnum, “El mejor guardián del vino”. Entre ellos probamos Matarromera Crianza 2005, Protos Reserva 2004 y Estancia Piedra La Garona 2003.

Antes y después de la cata tuvimos la oportunidad de dar un paseo por el Museo del Vino que está precioso. De entrada, y desde la distancia, antes de llegar a Peñafiel, desde la carretera, me quedo embelesado. Ese castillo es maravilloso. Y cuando entro, cada vez que voy aprendo cosas nuevas. Un verdadero placer estar en este recinto.

Después nos dieron con una serie de quesos y embutidos de primerísima calidad de la zona. Y como a mí me gusta poco el queso y el embutido…

…Y cambiamos de sala para asistir a la actuación de un monologuista (“Catas y Monólogos”). El monologuista era bastante bueno. ¡Qué gozada escuchar (y memorizar para dar la brasa a los amigos) algunos chistes nuevos! Se llama Karim. Aparte de ser buen monologuista tiene un número muy especial y muy original que auguro quedará que hablar. Me he permitido grabar 30 segunditos de su espectáculo para poner un caramelo en la boca a mis lectores para que acudan a verle en persona. O a lo mejor no tienen que acudir porque le verán antes o después en una cadena de televisión nacional. Al menos esa es la impresión que también tuve al conocer a Pedro Reyes y a Eugenio antes de que se hicieran famosos.

En resumen. En mi opinión este es uno de los caminos más válidos para la popularización y fortalecimiento de la imagen del vino. Porque es realmente atractivo. Enhorabuena a la Diputación de Valladolid por su iniciativa

Uno, en sus ratos de ocio, sale a cenar y muchas veces va a restaurantes que ya conoce con gente que ya conoce y tiene conversaciones que ya conoce. Mucha gente está deseando que le sorprendan. Y le diviertan.

Yo y otros 59, aprendimos mucho de vino. Y nos sorprendieron. Y nos divertimos.

En Peñafiel. Museo del Vino

Viene de: En Peñafiel. Protos

Museo del vino

Tras la visita a Protos nos acercamos a visitar el Museo del Vino. Luisa Sánchez de Bodegas Mento ya se ha ocupado de hacer que nuestra visita al Museo sea lo más agradable posible. En el Museo nos atendieron de manera exquisita. La lástima es que no pudimos dedicarle el tiempo que lo que ofrece el Museo se merece. Bueno, probablemente eso me obligue a visitarlo próximamente de nuevo.

El Museo está puesto para el máximo disfrute para el interesado en el mundo y la cultura del vino. Asistimos a una cata con distintos vinos de la provincia.

Nos fuimos posteriormente a comer el cordero más tierno que he probado en mucho tiempo. El restaurante elegido era el Restaurante El Corralillo. Es este restaurante una especie de cueva alargada decorado con motivos castellanos en el que parece un sacrilegio no tomarte el mencionado cordero acompañado de un buen vino de Ribera y una simple pero sabrosísima ensalada mixta. Muy, muy recomendable el restaurante por su entorno y por el famoso cordero.

Post en inglés: In Peñafiel. Museo del Vino

Restaurante el Corralillo

En Peñafiel. Bodegas Protos

Viene de: En Peñafiel. Cena en el Restaurante El Molino de Palacios

Protos antigua Bodega

A la mañana siguiente me desperté pronto para poder acudir a la visita a Bodegas Protos.

Nos reciben en una sala en la que nos proyectan un video. En este video nos cuentan la historia de Protos y cómo ha ido evolucionando a lo largo del tiempo. Nos hace la presentación una atractiva y preparada guía.

El comienzo de la visita se realiza caminando por lo que era la antigua bodega. Está en perfecto estado como para ser utilizada en ese mismo momento aunque cuesta creer que sigan utilizando esas barricas por los costes de manipulación que conlleva. Da mucho encanto saber que esta parte de la Bodega está excavada en la misma montaña sobre la que reposa el Castillo de Peñafiel.

Visitamos la zona de llenado y de fermentadores. Para pasar a la nueva zona de barricas hay un pasillo en el que hay una divisoria muy original del ancho pasillo. Me cuentan que es para que los “peatones” no se mezclen con las carretillas Fenwick y haya algún accidente. Me pregunto cómo será el tráfico de carretillas con la bodega en plena actividad.

Y pasamos a la zona nueva. Es un contraste enorme. En la primera zona todo era antiguo, tradicional. En esta nueva zona prima la modernidad, la tecnología, la profesionalidad, la eficiencia, el espacio para que las carretillas puedan trabajar y mover las barricas sin problemas, el control del proceso y el control de la temperatura y de la calidad del producto, la altura de apilado de las barricas. Es impresionante el cambio. Y con ese contraste me vuelvo a preguntar por enésima vez cómo es posible que convivan las pequeñas bodegas con procesos de elaboración tradicional con bodegas con sistemas tan avanzados, con costes mucho más bajos como Protos. Porque el proceso y los costes de elaboración no tienen en absoluto que ver.

Como guinda final a la visita se ve una magnífica vista de las nuevas instalaciones, una tienda puesta con un gusto exquisito y un espléndido cartel que hace de magnífico colofón a una visita espectacular. “Protos como el mejor vino tinto de Crianza del mundo en 2006”.

Los señores de Protos tienen las ideas muy claras sobre el Marketing en el mundo del vino.

Continúa en: En Peñafiel. Museo del Vino

Post en inglés: In Peñafiel. Protos Winery

Protos Nueva Bodega

En Peñafiel. Cena en Restaurante El Molino de Palacios.

Hotel Convento Las Claras

Cuando uno visita Peñafiel, en lo primero que uno piensa es en visitar el Museo del Vino en el castillo de Pañafiel.

El castillo se divisa, según se llega a Peñafiel, ya desde muchos kilómetros antes, en lo alto de una colina. El espectáculo es impresionante. Es un castillo, perfectamente conservado, de los más bonitos que he visto. Te hace pensar que realmente has vuelto a la Edad Media.

Para llegar allá un buen alojamiento es el Hotel Convento de las Claras. Si se va en verano, se puede disfrutar de una espléndida piscina. Tiene además unas habitaciones muy majas, a un precio no exagerado y con una incomparable vista del castillo en todo momento. Ofrece además un servicio de masaje que nosotros probamos y nos sentó de vicio.

En el mismo hotel pedimos nos recomendaron un restaurante para cenar y acabamos yendo al restaurante El Molino de Palacios. La distancia entre el hotel y el restaurante no es grande por lo que decidimos desplazarnos andando. Supongo que este restaurante debe estar muy bien también para comer, pero la experiencia de ir a cenar es inigualableLa oscuridad que lo rodea por la noche y el emplazamiento encima del río hacen del lugar algo tremendamente misterioso y con muchísimo encanto. Para llegar hay que pasar un túnel peculiarmente iluminado que a uno le induce a pensar que se va a encontrar con un restaurante muy especial. Y vaya si lo es. El restaurante está decorado deliciosamente y la comida y el servicio tampoco desmerecen.

A la vuelta tuvimos la suerte de encontrarnos con un concierto que una orquesta local interpretaba para los vecinos.

 Fue una noche muy, muy especial. Las ciudades como Peñafiel no tienen nada que envidiar a la gran ciudad en cuanto a atractivo turistico. Para mí es con rotundidad todo lo contrario.

Continúa en: En Peñafiel. Protos

Post en inglés: In Peñafiel. Dining in Restaurante El Molino de Palacios.

Restaurante El Molino de Palacios