Posted by igsegma | Enoturismo | Posted on enero 7th, 2010
Cuando uno visita Peñafiel, en lo primero que uno piensa es en visitar el Museo del Vino en el castillo de Pañafiel.
El castillo se divisa, según se llega a Peñafiel, ya desde muchos kilómetros antes, en lo alto de una colina. El espectáculo es impresionante. Es un castillo, perfectamente conservado, de los más bonitos que he visto. Te hace pensar que realmente has vuelto a la Edad Media.
Para llegar allá un buen alojamiento es el Hotel Convento de las Claras. Si se va en verano, se puede disfrutar de una espléndida piscina. Tiene además unas habitaciones muy majas, a un precio no exagerado y con una incomparable vista del castillo en todo momento. Ofrece además un servicio de masaje que nosotros probamos y nos sentó de vicio.
En el mismo hotel pedimos nos recomendaron un restaurante para cenar y acabamos yendo al restaurante El Molino de Palacios. La distancia entre el hotel y el restaurante no es grande por lo que decidimos desplazarnos andando. Supongo que este restaurante debe estar muy bien también para comer, pero la experiencia de ir a cenar es inigualable. La oscuridad que lo rodea por la noche y el emplazamiento encima del río hacen del lugar algo tremendamente misterioso y con muchísimo encanto. Para llegar hay que pasar un túnel peculiarmente iluminado que a uno le induce a pensar que se va a encontrar con un restaurante muy especial. Y vaya si lo es. El restaurante está decorado deliciosamente y la comida y el servicio tampoco desmerecen.
Fue una noche muy, muy especial. Las ciudades como Peñafiel no tienen nada que envidiar a la gran ciudad en cuanto a atractivo turistico. Para mí es con rotundidad todo lo contrario.
Hay diversas maneras de visitar una Bodega. Una es la clásica de la visita organizada en la que uno es uno más en el grupo. Pero hay otra que es infinitamente mejor. Y ocurre cuando tienes la suerte de tener algún contacto que te permita hacerla acompañado del responsable de la misma, ya sea el dueño, el enólogo, o el gerente de la misma.
El mundo del vino tiene muchos matices. Y uno de los másapasionantes es tener la posibilidad de conocer lo que hay detrás de una botella de vino, de su etiqueta, de su color, de sus aromas, del producto final. En una cata agudizamos nuestros sentidos para tratar de percibir qué tiene de especial el vino que degustamos y cómo influyen en el mismo las distintas variables que hacen que un producto final sea lo que es. “Qué complicada es una cata a ciegas!”
Pero también es un verdadero placer cuando tenemos mucha información sobre una bodega. Buscas en la cata comprobar cómo encaja cada pieza de información en ese producto que catas. El tiempo que ha hecho, el tipo de uva, cómo se ha recogido, cómo trabajan la viña, cómo son las instalaciones, etc. Descubres o quieres descubrir detalles que no percibirías de no tener tanta información. Ese vino ya no es un vino más entre miles. Está en tu cabeza, y en un lugar prioritario respecto de otros mil vinos y bodegas. Eso te permite poner los cinco sentidos para entrar en más detalles.
Yo tuve la suerte de conocer a Víctor Balbás, propietario y gerente de Bodegas Viña Solorca. Y todo gracias a Pedro Hernández, amigo de Víctor. Pedro es el diseñador de la Bodega que estamos visitando y de muchas otras más. Da gusto acompañarle y estar atento a cómo mira y cómo se expresa cuando está delante de una de sus obras. Hay un brillo especial en sus ojos de orgullo y cariño ante el trabajo realizado por él.
Nos recibe Víctor muy amablemente, pero con un par de fuegos que tiene que apagar. Por ello, aunque nos acompaña en la visita a sus instalaciones, es más Pedro Hernández quien va explicando al detalle las características de la Bodega. ¡Bonita experiencia desde el punto de vista del diseñador!
Las instalaciones de Viña Solorca son magníficas, bastante mejores que muchas otras Bodegas de Ribera que van sacando pecho en los mercados nacionales e internacionales. Y con una línea de llenado espectacular. Una bonita sala de barricas que se ha construido buscando sobre todo la eficiencia
Vemos sus premios en una sala que está acondicionando para darles acogida. Y tiene bastantes.
Tras la visita nos dirigimos al espléndido comedor de que dispone, para ser usado en convites y comidas con clientes de la Bodega. Entramos en una sala pequeña. Y ahí empiezo a ver a otro Víctor, ya más centrado en nosotros. Su cocinero nos ha preparado un pescado a la espalda que quita el hipo acompañado de un Viña Solorca gran Selección 2004.
Este nuevo Víctor es alguien tremendamente afable, con multitud de proyectos, ideas, y hasta inventos en su cabeza. Una verdadera máquina de emprender y ejecutar esos proyectos. De algunos solo puede dar algunos detalles por estar en fase de experiementación. En ningún momento habla de crisis. Habla de soluciones, de alternativas, de probar cosas. Mi primera impresión es que reúne gran parte de las cualidades que todo emprendedor tiene y debe tener.
La visita a Bodega es algo no convenientemente llevado a mi criterio por un buen número de bodegas españolas.
¿Sabemos qué características tiene el visitante de nuestra bodega? ¿Es un mero interesado en el mundo del vino, un posible comprador, un pequeño o importante prescriptor? ¿No deberíamos tener algún mecanismo para identificar quien nos visita para darle la información y el trato adecuados? En función de sus características la bodega tiene una muy buena oportunidad para enseñar de forma profesional sus instalaciones y realzar la imagen de marca de su bodega y de sus productos.
Recientemente, y con motivo del EWBC tuve la oportunidad de visitar Herdade do Esporao en Alentejo.
Esta bodega tiene unas instalaciones diseñadas con un gusto exquisito de las que estoy seguro se sienten sus responsables tremendamente orgullosos. Están situadas en un entorno maravilloso.
He visto otras bodegas con unas instalaciones tan buenas como éstas aunque tienen un punto en su diseño bastante original. En ellas se muestra personalidad, profesionalidad, modernidad, eficiencia, elegancia, control exhaustivo del proceso. He visto restaurantes tan buenos como éste aunque éste es uno de los mejores que he visto en una bodega en la península ibérica. Lo que no he visto en tantas ocasiones son bodegas enclavadas en un entorno tan atractivo. Tuvimos la oportunidad de ver las maravillosas vistas que se contemplan antes de pasar al restaurante. Y lo que realmente les diferencia de cualquier otra bodega es la preparación, formación y dedicación del personal encargado de acompañarnos en nuestra visita a la Bodega. Este hombre empezó a estar pendiente de nosotros desde que nos sentamos a la mesa para comer.
El restaurante está perfectamente integrado en el resto de instalaciones y es tremendamente elegante y de primer nivel. Cada plato que nos servían venía acompañado de un vino de la Bodega que complementaba perfectamente. Y según nos servían venía el guía a explicarnos al detalle las características del vino que nos servían y cómo maridaba con la comida que nos ofrecían. Me llamó la atención, no solo la formación de este profesional (me dijeron que era sommelier profesional y que hablaba un perfecto inglés) sino la atención que nos prestaba.
Esta misma persona nos acompañó posteriormente a visitar sus instalaciones, y volvió a dar las oportunas explicaciones.
¿Cómo eran las instalaciones? Modélicas, elegantes, modernas, eficientes.
¿Eso genera imagen de marca? Clarísimamente sí.
Nuestro grupo estaba constituido por bloggers de distintos países que escriben sobre vino. Pregunté si nos estaban dando un servicio especial por el hecho de ser bloggers y me dijeron que no.
Si era un trato especial felicito a la Bodega por esa especial sensibilidad en tratar a los bloggers de forma especial, por la repercusión que va a tener lo que luego cuente cada uno en sus medios.
Si no era un trato especial, les doy la enhorabuena aún más porque han entendido perfectamente la fuerza que tiene organizar la visita a Bodega como herramienta de primer nivel en la estrategia de Relaciones Públicas de la Bodega. Porque hacer esto supone un esfuerzo de organización y económico para la misma. Pero estoy seguro que están obteniendo un fantástico retorno a la inversión. Me da la impresión de que el restaurante es rentable “per se” y porque cada persona que visite sus instalaciones no puede hablar más que maravillas de sus instalaciones.
Estoy convencido de que esta bodega con el uso de esta herramienta le va mucho mejor que sus competidores, simplemente por el uso tan exquisito que hacen de este tipo de comunicación.
Lo que sí hicimos y me alegro de ello es haberme acercado a la vuelta a conocer Cuenca. Yo, supuestamente conocía Cuenca con el colegio con 16 años, pero con 16 años era un chaval que había dormido poco el día anterior y prácticamente ni me bajé del autobús. Tenía por ello una idea muy limitada sobre lo que era Cuenca.
Había conseguido una oferta de estancia en el Parador irrechazable. Y tuve la suerte de llegar a Cuenca de noche.
Si llegas a Cuenca oscureciendo en una noche clara, te espera un panorama fastuoso.
Tuve la impresión de encontrarme con el espectáculo más maravilloso del mundo. No hay nada como no tener expectativas. Reconozco que esa expresión (espectáculo más maravilloso del mundo) lo he usado en repetidas ocasiones en viajes, vinos, situaciones, etc. Y al expresarme así no trato de establecer un ranking, simplemente de expresar cómo me siento ante algo excepcional. Como soy yo el que lo percibo y soy yo el que lo disfruto, y como no me gano la vida ni como catador de vinos ni como guía turístico, me dejo llevar por esos impulsos en los que disfruto tanto. ¿De qué estamos hablando sino de emociones?
Fue una noche maravillosa, con mucha magia, y es que no hay nada como una bonita ciudad, inmaculadamente iluminada. Acompaño a este post diversas imágenes, que creo que difieren bastante de lo que recuerda mi memoria. Porque la realidad es muy superior a lo que ahí se muestra.
Al día siguiente nos metimos un desayuno fantástico (El parador no se queda atrás en cuanto a atractivo). Y nos fuimos a ver la ciudad de día. El efecto que provocó en mí ya no fue el de la noche, pero creo que nunca podré olvidar lo que vi la noche anterior. Y es que no hay nada como la primera impresión para cualquier cosa. Si hacéis lo que yo, acercaos a Cuenca y hacedlo por primera vez de noche, porque recordaréis lo mismo que yo me llevo.
Carta de desayuno del Parador
Nos fuimos después a ver la “Ciudad Encantada que está a 30 kms. No está nada mal y es un panorama distinto y complementario a la experiencia del día anterior (visita a Bodega, Cuenca, etc)
Yo si fuera el responsable de Marketing de Bodegas Vicente Gandía me plantearía hacer un tour conjunto, consiguiendo un buen precio en el Parador y acercando la bodega a los visitantes de Madrid.
Es una actividad completa, que permite llegar al vino, desde su origen, las uvas.
Ver solo una bodega y un viñedo al lado de la misma, no es suficiente.
Algo más completo e interesante, es una ruta entre viñas de unas tres horas, para acabar en una bodega.
La Sonsierra es un lugar ideal para ello, una franja de terreno, entre el rio Ebro y las sierras de Toloño y Cantabria, orientada al Sur, con una gran insolación, un suelo arcillo-calcareo, ideal para el viñedo.
Es una zona con un relieve quebrado, lomas y vaguadas, pequeñas parcelas con cepas viejas y diferentes variedades, tintas y blancas, que en Octubre y Noviembre, presenta un colorido impresionante.
En estos viñedos, se logran uvas de gran calidad, de donde salen los grandes vinos, en la bodega, se ayuda un poco y sobre todo no hay que estropear el producto.
Hay que ver una cepa de más de 50 años, con sus uvas, para entender porque son las mejores, la diferencia entre una ladera y un hondón, entre la solana y la umbría.
Aquí, se ve la importancia de labores antiquísimas hechas a mano, como la espergura y el desniete (control de vegetación ) POR LOS VITICULTORES y que son fundamentales para la calidad de las uvas.
La floración, el envero la maduración, lo determinante que es Septiembre para la cosecha.
Conocer todo esto y después visitar la bodega es lo ideal, para saborear los grandes vinos.
Saber algunas cosas sobre el reglamento de la denominación, variedades autorizadas, producción, como hay que podar y por qué. Esto y mucho mas se aprende en los viñedos.
Posted by Ignacio Segovia | Enoturismo | Posted on septiembre 11th, 2009
Enoturismo entre viñedos
A mediados de julio me fui a visitar varias bodegas de la Rioja. El interés turístico por visitar bodegas es creciente y si además vas en el mes de julio el número de personas interesadas en este tipo de visitas se dispara. Me lo pasé pipa.
Organizando mi viaje me encontré con una pequeña empresa que se dedica a organizar rutas a pie y en bicicleta entre viñedos, con visita posterior a bodega. La empresa se llama Sendas y Cimas. Nos apuntamos y tuvimos una experiencia tremendamente interesante y divertida. Ver el mundo del vino desde la perspectiva del viticultor y hacerte una buena caminata entre viñedos te da una perspectiva distinta y complementaria de aquella que te dan en las bodegas.
Lorenzo García, que así se llama el dueño de Sendas y Cimas, te enseña además una pequeña bodega de Rioja. El contraste es grande después de haber visitado Marqués de Riscal o Muga, pero te vuelve a mostrar cómo una pequeña bodega, con menos medios que las grandes, ha sabido subirse al carro de las nuevas tecnologías en la elaboración del vino. La bodega en cuestión es Bodegas Puelles. Nos atendió muy amablemente su dueño que nos hizo una degustación de sus vinos. ¿Qué decir? Pues que tanto sus instalaciones y sus vinos son ejemplares.
A la ruta entre viñedos fuimos pocos. Me decía Lorenzo que las rutas entre viñedos no causan tanto furor como las visitas a bodegas.
Prometí a Lorenzo que hablaría en mi página de él y del servicio que presta su empresa porque es algo distinto y muy muy atractivo. Recomiendo encarecidamente que viváis la experiencia que yo viví.
Muchas gracias Lorenzo por lo bien que nos lo hiciste pasar y por lo mucho que aprendimos. Espero que te lleguen muchos más clientes porque te mereces que te vaya bien, y porque la gente se merece conocer también tu historia.