Visita a Bodega Conde de los Andes de Paternina
He estado esta semana pasada en esta Bodega.
Cuantas más bodegas visito más disfruto. El sector del vino es una caja de sorpresas. No suele decepcionar. Y tampoco ha ocurrido en esta ocasión. Les dije a los señores de Paternina que pretendía visitar sus instalaciones, y me invitaron a que fuera a visitar sus instalaciones en Ollauri. En realidad la gran Bodega está en Haro, pero Haro es la eficiencia y Ollauri es el encanto.
La bodega está enclavada en un pueblo típico de Rioja. Me puse a dar vueltas por el pueblo pero no encontraba la bodega. Esta era una de las sorpresas que me esperaban en esta visita. Por fin veo a una chica sentada que se levanta cuando me ve llegar y me saluda. Es Beatriz, la persona que me va a acompañar, una chica joven, muy maja, afable y amable. Luego comprobaré que además cuenta con un muy atractivo discurso.
Empezamos la visita. Entramos en una sala muy elegante que parece ser utilizan para eventos de empresa. En las paredes podemos ver enmarcadas las bandas de las etiquetas. La bodega data de 1896. Y se nota. Rápidamente bajamos a la Bodega.
En la visita a bodega vamos a pasar de 18 metros de profundidad hasta los 40 m, para salir dos calles más arriba en el pueblo.
Esta era la bodega de Paternina originalmente, pero hubo un momento en el que se quedó pequeña y se fueron a Haro para poder hacer la ampliación.
En esta Bodega envejecen los Reservas y Grandes Reservas de Conde de los Andes. Consiguen aquí mantener las mejores condiciones: temperatura constante de 11 grados, sin ruido, poca luz, ideales para el envejecimiento del vino.
El producto no sale hasta que no hay un pedido, y pasa por Haro.
Nos encontramos un par de prensas, una de ellas con 240 años de antigüedad perfectamente conservadas
Y empezamos a bajar. Y a bajar, porque hay unas cuantas escaleras.
He visto otras bodegas subterráneas, pero ésta impresiona llena de producto envejeciendo con el producto perfectamente apilado.
Se puede apreciar la enorme y costosa manipulación que conlleva el sistema que tienen y que debería de repercutirse en el precio. (Curiosamente el precio de sus productos no es alto)
Me muestra las tinas donde se fermentaba en su momento el vino antes de la ampliación: una de esas tinas se está aprovechando como mostrador del restaurante que está justo encima. Posteriormente veré el restaurante (tan espactacular coomo la Bodega)
La Bodega data de 1896 pero las cuevas tienen más de 400 años. Están picadas a mano por canteros gallegos que picaban cuando no estaban trabajando en el campo. Si miras con atención la roca puedes imaginar el trabajo tan duro que tuvo que ser picar y picar. Eran hombres hechos de otra pasta supongo.
Me cuenta Beatriz que el producto Federico Paternina Banda Azul (crianza) es un homenaje a todos esos gallegos que trabajaron aquí. Para el Reserva tienen el Banda Roja, que en España se vende con la marca Viña Abial.
En su momento las botellas se bajaban en carretillas por las escaleras que hemos bajado, pero era tremendamente laborioso y muchas botellas se rompían. ¿Podía llegar alguna sin que se rompiera? (Ver escalera)
Podemos ver un mar de botellas, todas ellas tumbadas.
Me enseña el Blanco reserva Conde de los Andes. Este vino solo se produce en añadas excelentes como fueron el 74, el 82, el 95 y 2001 que es el que se comercializa ahora. Es un espectáculo ver el moho que se acumula por la humedad (entre el 75 y el 82%).
Pasamos al lado de las cubas donde se envejecía el vino. Son unas cubas enormes que obligaban a los cuberos a tener que construirlas allí dentro. Este es un buen lugar para decir aquello de “tener ojo de buen cubero”.
Vemos el calado en homenaje a don Marcos Eguizábal dueño de la Bodega que murió el año pasado. La estancia es espectacular. En ese calado hay almacenadas unas 100.000 botellas. Es el más grande de la Bodega. Antes de la ampliación de Haro había barricas. Se subían las mismas en el piso superior para el trasiego que se hacía y se hace cada 6 meses. Aún se puede ver el roce de las cuerdas al izar barricas de 200 y pico kilos. ¡Qué esfuerzo, qué trabajo más enorme se puede uno imaginar!
Pasamos al lado de una cepa con más de 200 años de edad. Parece ser anterior a la enfermedad de la filoxera. Mide más de 2 metros y parece que te fuera a hablar. Impresionante.
Vemos unas enormes fotos en blanco y negro de los años 1920-1930. Las fotos son fantásticas y transmiten al observador cómo se trabajaba en la viña y en Bodega entonces. Podemos ver a uno de los trabajadores trabajando con el cigarro en la mano. Eran otros tiempos.
Pasamos a la zona con jaulones en la que el trabajo se hace algo más fácil al poder entrar algunas máquinas.
Y vemos las barricas. Solo hay las 50 preceptivas que impone la DO. Antes había 3000 hasta que se trasladaron a Haro.
Me presenta el vino Graciela. Hay detrás una historia preciosa. Se trata de un blanco, crianza y semidulce.
Me enseña donde descansan los vinos más antiguos. A esta zona le llaman con razón la “Capilla Sixtina”
Pasamos a la vinoteca y me invita a degustar el Graciela, y un tinto reserva Conde de los Andes 2004. Después de haber hecho el recorrido disfruto con la degustación como niño con zapatos nuevos. ¿Existe una mejor manera de degustar que haber visto justo antes todos los argumentos por los que un vino es lo que es?
Reciben 10000 visitantes al año y tratan de conseguir más eventos de empresa y bodas que, en principio son más rentables que las visitas de turistas en pequeños grupos.
Y me enseñan el restaurante. El detalle del mostrador es una pasada.Y el restaurante en su conjunto tiene un gusto y un estilo exquisito. Me comentan que el cubierto puede rondar por los 35/40 euros. Me da la sensación de que la relación precio calidad es muy buena.
Recomiendo a todo el que pueda que visite esta bodega que se trata de una experiencia extraordinaria.
Paternina. Conde de los Andes. Otro de los grandes. Chapeau.
Este post en inglés: Visit to the Winery Conde de los Andes de Paternina











