Lo que pasó en Finca Río Negro. ¿Se puede pedir más?

Nuestro viaje a Finca Rio Negro y Alcalá de Henares tuvo muchas, muchas anécdotas, a cuál mejor.

De entrada todas las que se habían apuntado eran mujeres. El único hombre, yo. Pues que quieres que te diga. De entrada fantástico. Una experiencia nueva para mí ¿Qué les pasó a los hombres que no quisieron salir de casa?

Y nos encaminamos hacia la bodega. Hacía un fantástico sol que hacía pensar que nos encontrábamos aún en medio del verano.

¿Y las mujeres qué es lo que tienen siempre? Pues una muy buena conversación. Se nos hizo el viaje a la Bodega rapidísimo. Tenía a Cristina de copilota a la ida para echarme una mano para que no nos perdiéramos.

¿Y qué es lo que nos encontramos según llegamos a bodega?

Una concentración de unos 40 coches de época que habían comido en la bodega y que salían de la misma. Unos coches increíbles, la mayor parte de ellos descapotables. Lo mejor de lo mejor para un día soleado.

Y llegamos a bodega. Nos recibe Fernando. Fernando es una persona muy afable de unos 30 años de edad. Antes era un trabajador de cuello blanco y ahora se ha reinventado, adentrándose en el mundo del vino. Este negocio parece ser de su padre y lo llevan principalmente él y su hermano.

Nos lleva inicialmente al viñedo. Nos acompaña una perra muy grande (yo creo que es un mastín), muy juguetona y cariñosa.

El viñedo está a rebosar, con la uva pidiendo a gritos que la recojan ya, ¿O no dice eso? Bueno, de eso ya hablaremos más tarde.

Probamos uvas de distintas variedades y nos vamos a bodega. Junto a la bodega hay una casa de campo con mucho, mucho sabor. Nos explican las características de la elaboración de la que disponen así como el tipo de fermentadores de que disponen. Pasamos a la sala de barricas.

Vivimos un momento tremendamente interesante cuando pasamos por el que pequeño laboratorio que tiene la bodega. Allí estaban apilados en fila unos 10 ó 15 vasos con mosto. Nos cuenta Fernando que esa misma mañana estaban catando y analizando el mosto para decidir si se lanzaban a realizar la vendimia. Yo creo que es el momento más interesante y crucial del año. El enólogo, basándose en mucho en criterios científicos y en otros que tienen que ver con la experiencia, la intuición y el corazón tenía que decidir si era ya el momento. Supongo que allí estarían todas las fuerzas vivas con la respiración contenida esperando el dictamen del enólogo. Y el enólogo dijo… “aún no”. Como había dicho la semana anterior, y la anterior. Y todos saliendo del laboratorio con la inquietud de la no puesta en marcha con la que llevan soñando y suspirando desde hace tiempo. Y es ese momento en el que la bodega pasa de una actividad de pocas personas, a una actividad frenética de muchas personas más en las que el trabajo es algo extenuante y estresante, en el que uno se juega todo lo que ha ido haciendo a lo largo del año.  Me habría encantado estar ahí en ese momento, pero creo que pude imaginarlo bastante bien viendo esos vasos.

Definitivamente nos vamos a la sala de catas. El día ya se va apagando un poquito y nos dice Fernando si no vemos los ciervos. Yo, por mucho que afino la vista no llego a vislumbrarlos, la verdad es que tengo ya bastante mala vista de lejos. Pero supongo que ahí debían estar. Pedazo de bosque rodea al viñedo. El enclave en el que está la bodega es espectacular.

Degustamos 3 de sus vinos, un blanco y dos tintos. Excepcionales los 3, nos los sirven y nos invitan a maridarlos con un embutido de ciervo y un queso de cabra excepcionales.

El blanco Meravén 2009, amarillo/verdoso, de intensidad media, muy aromatico y complejo en nariz, floral, y fresco, largo y un pelín amargo en boca. Muy fácil de beber.

Los tintos Finca Río Negro 2006 y 2008 , intensos en color y en aroma con predominio de frutas tipo zarzamora, potentes, equilibrados y bastante largos. Se podía apreciar la mayor edad y complejidad en el 2006.

Y cuando salimos ocurre lo inesperado. Oimos “berrear” a los ciervos. Es esta una actividad que vengo diciendo que quería estar presente desde hace años. Y voy a una bodega y resulta que me aparece de foma gratuita e inesperada. Esa fue la guinda a la visita “fantástica a Finca Río Negro”. Hubiera hecho todo este viaje por esos 5 minutos fascinantes en los que estábamos todos callados y con la boca abierta.

Posteriomente nos fuimos a Alcalá de Henares. Iba en el Winebus alguien de Alcalá con quien habíamos pactado de antemano que se quedaría a la vuelta. Yo ya conocía Alcalá pero tener a una “alcalaína” (¿Se dice así?) era todo una garantía.

Bueno, pues en Alcalá te regalan la tapa con la bebida. Pero es que la tapa para muchos de nosotros con una sola tapa cenaron. Yo que soy un hambrón me tomé 2. Y me costó cenar 5 euros. “Cenar por 5 euros” ¿No es una pasada? (en realidad me costó 2,5 euros porque me invitaron a la primera bebida) (Los winebuseros son muy generosos) :)

Nos despedimos de la alcalaína y nos dirigimos hacia Madrid para llegar a eso de la 1 de la madrugada.

Yo no sé cómo te lo pasaste tú. To solo sé que el sábado 22 fue un día muy especial y que no hubiera querido estar en otro lugar no con otra gente.

Te esperamos en el Winebus

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